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De mezquitas y catedralesUna de la noticia más comentada en los últimos días es la conversión de Santa Sofía en mezquita. Como todos saben, el edificio fue construido en el s. VI como iglesia, convirtiéndose desde su inauguración en el más importante de la Iglesia Bizantina. Desde 1453 fue mezquita, hasta que en 1935, bajo Atatürk, se reabrió como museo. Este estatuto se mantuvo justo hasta el día de hoy, en que vuelve a ser mezquita por resolución del presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan.

Esta decisión ha generado múltiples reacciones en el ámbito cristiano, entre las que destaca la del papa Francisco, que el 12 de julio se declaró «muy afligido». También se manifestaron contrarios el patriarca ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I, y el Metropolitano Hilarión del Patriarcado Ecuménico de Moscú.

El Cardenal Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Luis Francisco Ladaria, presenta el nuevo vademécum para los procesos de abusos de menores de edad por parte de clérigos.

El “Vademécum sobre algunas cuestiones procesales ante los casos de abuso sexual a menores cometidos por clérigos” nace de las numerosas solicitudes que han llegado a la Congregación para la Doctrina de la Fe por parte de Obispos, Ordinarios, Superiores de Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, para disponer de un instrumento que les ayude en la delicada tarea de llevar correctamente los casos en los que están implicados diáconos, sacerdotes y obispos cuando son acusados de abusos a menores. La historia reciente atestigua la mayor atención de la Iglesia a este flagelo.

El camino de la justicia por sí solo no puede agotar la acción de la Iglesia, pero es necesario para llegar a la verdad de los hechos. Es un camino articulado, que se adentra en el denso bosque de normas y prácticas, ante el cual los Ordinarios y Superiores se encuentran, a veces, en la incertidumbre de la dirección a seguir.

Acerca de la normativa sobre el modo de recibir la comunión en tiempos de pandemiaEn algunos casos, las indicaciones emanadas por la autoridad eclesiástica sobre el modo de recibir la Comunión eucarística durante el tiempo de pandemia (en concreto, la Comunión en la mano) generan cierta preocupación o perplejidad entre algunos fieles y ministros. Aunque tal conducta provenga del amor a la Eucaristía, resulta de interés lo siguiente.

En primer lugar, y como marco general, los fieles no deberían olvidar que su modo de obrar dentro de las iglesias podría tener repercusiones sanitarias negativas sobre los demás ciudadanos que viven en el mismo territorio. Por ello es razonable que estén dispuestos a conjugar sus preferencias personales con el bien común, aunque ello les llevase a modificar la forma de conducta que en circunstancias normales considerarían más adecuada, para adecuarse a las indicaciones de las autoridades sanitarias, incluso cuando esas indicaciones puedan estar sujetas a pareceres discordantes, siempre que no se toque lo que es esencial o se incurriese en comportamientos pecaminosos.

La Santa Sede publica un Vademécum sobre procedimientos para tratar casos de abuso de menoresUna respuesta precisa y puntual a las preguntas más recurrentes es lo que ofrece el nuevo Vademécum de la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF). Se trata de un manual de instrucciones que, en poco más de 30 páginas y nueve capítulos, responde a los asuntos principales sobre algunos puntos de los procesos en el tratamiento de casos de abuso sexual de menores de edad cometidos por clérigos.

No es, pues, un texto normativo o una nueva legislación sobre la materia, sino un instrumento destinado a ayudar a los Ordinarios y a los juristas que necesitan traducir en acciones concretas la legislación canónica sobre los delicta graviora que constituye "para toda la Iglesia, una herida profunda y dolorosa que debe ser curada".

La forma extraordinaria del matrimonio canónicoDesde el Concilio de Trento se exige una determinada forma del matrimonio para que el vínculo sea válido: hasta ese momento, todo intercambio de consentimiento matrimonial, constituía verdadero matrimonio en la Iglesia. El Concilio de Trento, por razones de seguridad jurídica y otras, indicó que solo el consentimiento prestado ante el párroco del lugar era válido para constituir matrimonio.

El sistema emanado del Concilio de Trento no había previsto el supuesto en que a los contrayentes les fuera imposible acudir al párroco. La cuestión se planteó en los países de misión, donde eran escasos los sacerdotes, y en otros lugares en los que había persecución religiosa o al menos discriminación a los católicos, y por ello no había párroco o era inaccesible. Desde 1586 la Santa Sede dio respuestas particulares y desde 1602 se dio una norma general. Es lo que ahora llamamos forma extraordinaria, que ha permanecido en sus elementos esenciales hasta hoy.

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