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Las irregularidades e impedimentos en el sacramento del Orden sagradoCon el fin de salvaguardar la reverencia debida a los ministerios sagrados y la dignidad de los propios ministros, el Derecho de la Iglesia estableció desde antiguo una serie de prohibiciones, basadas en circunstancias objetivas de la persona del ordenando, que impide la recepción de las órdenes sagradas o su lícito ejercicio.

De acuerdo con el canon 1040:

Canon 1040: Quedan excluidos de la recepción de las órdenes quienes estén afectados por algún impedimento, tanto perpetuo, que recibe el nombre de irregularidad, como simple; no se contrae ningún otro impedimento fuera de los que se enumeran en los cánones que siguen.

El delito de violación del sigilo de la confesión sacramentalLa Iglesia considera que la santidad del sacramento de la confesión lleva anejo un estricto secreto de lo tratado entre el confesor y el penitente, que se suele llamar sigilo sacramental, del término latino sigillum, sello. Como recuerda la Penitenciaría Apostólica, «el inviolable secreto de la Confesión proviene directamente del derecho divino revelado y hunde sus raíces en la misma naturaleza del sacramento, hasta el punto de no admitir excepción alguna en el ámbito eclesial ni, mucho menos, en el civil»: Nota de la Penitenciaría Apostólica sobre la importancia del foro interno y la inviolabilidad del sigilo sacramental de 29 de junio de 2019, n. 1.

Por ello la Iglesia católica ha protegido desde antiguo el sigilo sacramental con un delito canónico que lleva anejas las máximas penas.

Cinco grandes mentiras sobre las inmatriculaciones de la IglesiaSorprende a veces observar cómo en España, cada cierto tiempo, algunos partidos y medios de comunicación vinculados a la izquierda insisten en sacar a la luz temas que, por desconocimiento del público en general, suelen resultar de extrema utilidad para determinados fines políticos.

En las últimas semanas, la Iglesia y sus inmatriculaciones han vuelto a recabar titulares de lo más variado, arrojando, una vez más, serias dudas sobre su legalidad, lo cual es un despropósito. A continuación, desmontaremos las cinco grandes mentiras y falsedades que giran en torno a esta materia.

El sujeto del sacramento del orden sagradoPor derecho divino el sujeto de la ordenación es solo el varón bautizado, tal y como ha reiterado el magisterio reciente, que afirma además que se trata de una doctrina que ha de considerarse como definitiva. Esta doctrina fue declarada en la Carta Apostólica Ordinatio sacerdotalis, de San Juan Pablo II, de 22-V-1994. La Nota Sobre el valor de la doctrina contenida en la Carta Apostólica Ordinatio Sacerdotalis de la Congregación para la Doctrina de la Fe de 28 de octubre de 1995 recuerda que esta doctrina debe ser tenida por definitiva.

Se debe recordar que el decreto general de 19 de diciembre de 2007 introdujo el delito de atentado de ordenación sacerdotal de una mujer, castigado con excomunión latae sententiae reservada a la Santa Sede. Las Modificaciones a las Normas de los delitos más graves de 2010 lo consideran además uno de los delitos más graves.

«El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre»1; con sus gestos y sus palabras, iluminó su dignidad altísima e inviolable; en Él mismo, muerto y resucitado, restauró la humanidad caída, venciendo las tinieblas del pecado y de la muerte; a cuantos creen en él abrió la relación con su Padre; con la efusión del Espíritu Santo, consagró la Iglesia, comunidad de los creyentes, como su verdadero cuerpo y le comunicó su propia potestad profética, real y sacerdotal, para que sea en el mundo como la prolongación de su misma presencia y misión, anunciando a los hombres de todo tiempo la verdad, guiándoles al esplendor de su luz, permitiendo que su vida sea realmente tocada y transformada.

En este tiempo tan problemático de la historia humana, al creciente progreso tecno-científico no parece corresponder un adecuado desarrollo ético y social, sino más bien una auténtica “involución” cultural y moral que, ajena a Dios −cuando no incluso hostil− es incapaz de reconocer y respetar, en todo ámbito y a todo nivel, las coordenadas esenciales de la existencia humana y, con ellas, de la vida misma de la Iglesia.

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