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Se promulga una nueva Ley sobre gobierno de la Ciudad del VaticanoEl Santo Padre con quirógrafo del 22 de febrero de 2017 ha delegado a Su Eminencia Reverendísima, el Cardenal Giuseppe Bertello, “el poder y toda la facultad necesaria para redactar una nueva Ley sobre el Gobierno del Estado de la Ciudad del Vaticano y los reglamentos correspondientes necesarios para el funcionamiento del aparato administrativo del Estado“, en vista “de la urgente necesidad de reorganizar la estructura del Estado y hacer que responda a las necesidades de hoy” para “que sea todavía más clara la peculiar finalidad institucional del Estado de la Ciudad del Vaticano, llamado por su naturaleza a garantizar a la Sede de Pedro la independencia absoluta y visible”.

Con el mismo Quirógrafo, se ha instituido una comisión de trabajo para ayudar en la tarea asignada al Cardenal Presidente, que se reunió por primera vez el 21 de marzo de 2017 y luego, periódicamente, hasta julio de 2018.

http://iuscanonicum.org/Para comprender la doctrina católica de la liberad religiosa, es importante la Declaración Dignitatis humanae (DH) sobre el derecho de libertad religiosa. Según este documento la libertad religiosa tiene como fundamento la naturaleza misma de la persona y consiste en que todos los hombres deben estar inmunes de coacción, tanto por parte de personas particulares como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, y ello de tal manera que en materia religiosa ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia ni se le impida que actúe conforme a ella, privada o públicamente, solo o asociado con otros, dentro de los límites debidos (DH 2).

Esta declaración fue de las más controvertidas en el post-concilio, sobre todo entre los llamados tradicionalistas, que no la aceptan pretendiendo que contradice a diversas declaraciones anteriores de Papas. En efecto, hay diversas declaraciones pontificias de Pontífices del s. XIX y principios del s. XX que condenan la libertad religiosa.

Francisco

Constitución Apostólica
Episcopalis communio

Sobre el Sínodo de los Obispos

1. La comunión episcopal (Episcopalis communio), con Pedro y bajo Pedro, se manifiesta de una manera peculiar en el Sínodo de los Obispos, que, instituido por Pablo VI el 15 septiembre de 1965, constituye uno de los más precioso legados del Concilio Vaticano II1. A partir de aquel momento el Sínodo, nuevo en sus institución pero antiquísimo en su inspiración, se presta una eficaz colaboración al Romano Pontífice, según los modos establecidos por él mismo, en las cuestiones de mayor importancia, es decir, aquellas que requieren especial ciencia y prudencia para el bien de toda la Iglesia. De tal manera el Sínodo de los Obispos, «representando a todo el episcopado católico, manifiesta que todos los obispos participan en comunión jerárquica de la solicitud por la Iglesia universal»2.

Se presentó la Constitución Apostólica Episcopalis Communio del Papa FranciscoEsta mañana a las 11.00, en la Sala de Prensa de la Santa Sede se presentó la Constitución Apostólica Episcopalis communio del Santo Padre Francisco, sobre la estructura del Sínodo de los Obispos.

Intervinieron en la presentación el Cardenal Lorenzo Baldisseri, Secretario General del Sínodo de los Obispos; Mons. Fabio Fabene, Subsecretario, y el Dr. Dario Vitali, Consultor de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos y Profesor Ordinario de Teología Dogmática en la Pontificia Universidad Gregoriana.

La clausura de los religiosos: clausura papal y clausura constitucional: En la Iglesia se entiende por clausura la disciplina que regula el acceso de las personas al sector reservado a los monjes en las órdenes religiosas. Esta puede ser pasiva (regula si alguien ajeno al monasterio puede ingresar en la clausura) o activa (detalla el régimen por el que los monjes o frailes pueden salir de la zona de clausura).

Según la Instrucción Cor Orans, promulgada por la Congregación para los Institutos Religiosos y Sociedades de Vida Apostólica el 1 de abril de 2018, la clausura es “el espacio monástico separado de lo exterior y reservado a las monjas, en la cual sólo en caso de necesidad puede ser admitida la presencia de extraños. Debe ser un espacio de silencio y de recogimiento donde se pueda desarrollar la búsqueda permanente del rostro de Dios, según el carisma del Instituto” (art. 161).

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