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El sujeto del sacramento del orden sagradoPor derecho divino el sujeto de la ordenación es solo el varón bautizado, tal y como ha reiterado el magisterio reciente, que afirma además que se trata de una doctrina que ha de considerarse como definitiva. Esta doctrina fue declarada en la Carta Apostólica Ordinatio sacerdotalis, de San Juan Pablo II, de 22-V-1994. La Nota Sobre el valor de la doctrina contenida en la Carta Apostólica Ordinatio Sacerdotalis de la Congregación para la Doctrina de la Fe de 28 de octubre de 1995 recuerda que esta doctrina debe ser tenida por definitiva.

Se debe recordar que el decreto general de 19 de diciembre de 2007 introdujo el delito de atentado de ordenación sacerdotal de una mujer, castigado con excomunión latae sententiae reservada a la Santa Sede. Las Modificaciones a las Normas de los delitos más graves de 2010 lo consideran además uno de los delitos más graves.

Cinco grandes mentiras sobre las inmatriculaciones de la IglesiaSorprende a veces observar cómo en España, cada cierto tiempo, algunos partidos y medios de comunicación vinculados a la izquierda insisten en sacar a la luz temas que, por desconocimiento del público en general, suelen resultar de extrema utilidad para determinados fines políticos.

En las últimas semanas, la Iglesia y sus inmatriculaciones han vuelto a recabar titulares de lo más variado, arrojando, una vez más, serias dudas sobre su legalidad, lo cual es un despropósito. A continuación, desmontaremos las cinco grandes mentiras y falsedades que giran en torno a esta materia.

Carta apostólica
en forma de «motu proprio»

del Sumo Pontífice
Francisco

“Vos estis lux mundi”

«Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte» (Mt 5,14). Nuestro Señor Jesucristo llama a todos los fieles a ser un ejemplo luminoso de virtud, integridad y santidad. De hecho, todos estamos llamados a dar testimonio concreto de la fe en Cristo en nuestra vida y, en particular, en nuestra relación con el prójimo.

Los delitos de abuso sexual ofenden a Nuestro Señor, causan daños físicos, psicológicos y espirituales a las víctimas, y perjudican a la comunidad de los fieles. Para que estos casos, en todas sus formas, no ocurran más, se necesita una continua y profunda conversión de los corazones, acompañada de acciones concretas y eficaces que involucren a todos en la Iglesia, de modo que la santidad personal y el compromiso moral contribuyan a promover la plena credibilidad del anuncio evangélico y la eficacia de la misión de la Iglesia. Esto sólo será posible con la gracia del Espíritu Santo derramado en los corazones, porque debemos tener siempre presentes las palabras de Jesús: «Sin mí no podéis hacer nada» (Jn 15,5). Aunque ya se ha hecho mucho, debemos seguir aprendiendo de las amargas lecciones del pasado, para mirar hacia el futuro con esperanza.

«El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre»1; con sus gestos y sus palabras, iluminó su dignidad altísima e inviolable; en Él mismo, muerto y resucitado, restauró la humanidad caída, venciendo las tinieblas del pecado y de la muerte; a cuantos creen en él abrió la relación con su Padre; con la efusión del Espíritu Santo, consagró la Iglesia, comunidad de los creyentes, como su verdadero cuerpo y le comunicó su propia potestad profética, real y sacerdotal, para que sea en el mundo como la prolongación de su misma presencia y misión, anunciando a los hombres de todo tiempo la verdad, guiándoles al esplendor de su luz, permitiendo que su vida sea realmente tocada y transformada.

En este tiempo tan problemático de la historia humana, al creciente progreso tecno-científico no parece corresponder un adecuado desarrollo ético y social, sino más bien una auténtica “involución” cultural y moral que, ajena a Dios −cuando no incluso hostil− es incapaz de reconocer y respetar, en todo ámbito y a todo nivel, las coordenadas esenciales de la existencia humana y, con ellas, de la vida misma de la Iglesia.

Publicado un documento de la Comisión Teológica Internacional sobre la doctrina de la Iglesia de libertad religiosaCon la aprobación del Papa Francisco, ha sido publicado este 26 de abril, un nuevo documento de la Comisión Teológica Internacional (CTI), titulado Libertad religiosa para el bien de todos. Enfoque teológico de los desafíos contemporáneos. El texto de 37 páginas propone, en primer lugar, una actualización razonada de la recepción de la Declaración Conciliar Dignitatis humanae (1965) sobre la libertad religiosa, "aprobada en un contexto histórico significativamente diferente del actual".

En las sociedades secularizadas de hoy –observa el documento– "las diferentes formas de comunidad religiosa siguen siendo percibidas socialmente como factores relevantes de intermediación entre los individuos y el Estado". Frente a ello, "la radicalización religiosa actual, denominada 'fundamentalismo' (...) no parece ser un mero regreso más 'observador' a la religiosidad tradicional", sino que "se caracteriza a menudo por una reacción específica a la concepción liberal del Estado moderno, debido a su relativismo ético y a su indiferencia hacia la religión".

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