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Discurso del Santo Padre Francisco al Tribunal de la Rota Romana de 2020Sábado, 25 de enero de 2020

Señor decano,
reverendísimos prelados auditores,
queridos funcionarios de la Rota Romana:

Me alegra encontraros hoy con motivo de la inauguración del nuevo año judicial de este Tribunal. Agradezco vivamente a Su Excelencia el decano las nobles palabras que me ha dirigido y las sabias intenciones metodológicas que ha formulado.

Quiero retomar la catequesis de la audiencia general del miércoles 13 de noviembre de 2019, ofreciéndoos hoy una reflexión posterior sobre el papel primordial de los cónyuges Aquila y Priscila como modelos de vida matrimonial. En efecto, para seguir a Jesús, la Iglesia debe trabajar según tres condiciones validadas por el mismo Maestro divino: itinerancia, prontitud y decisión (cf. Ángelus, 30 de junio de 2019). La Iglesia, por su naturaleza, está en movimiento, no permanece tranquila en su recinto, está abierta a horizontes más amplios. La Iglesia es enviada a llevar el Evangelio a las calles y a llegar a las periferias humanas y existenciales. Nos recuerda al matrimonio de Aquila y Priscila.

Carta apostólica en forma de “Motu Proprio” sobre el cargo de Decano del Colegio CardenalicioA lo largo de los siglos los Romanos Pontífices han adaptado a las necesidades de su tiempo la composición del Colegio de los Padres Cardenales, que está llamado peculiarmente a proveer a la elección del Supremo Pastor de la Iglesia y a asistirlo en el tratamiento de las cuestiones más importantes en el cuidado diario de la Iglesia universal.

El Santo Padre Pablo VI, de perenne memoria, con el Motu Proprio del 11 de febrero de 1965, amplió la composición del mencionado Colegio de los Padres Purpurados llamando a formar parte del mismo, además de a los Titulares de las Sedes Suburbicarias de Roma, también a los Patriarcas orientales a los que se les hubiera concedido la dignidad de cardenales (cf. Ad Purpuratorum Patrum Collegium, AAS, 57 [1965], 295-296).

El Santo Padre Francisco, en la Audiencia concedida al infrascrito Cardenal Secretario de Estado y al infrascrito Cardenal Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 4 de octubre de 2019, ha decidido introducir los siguientes cambios en las “Normae de gravioribus delictis” reservados al juicio de la Congregación para la Doctrina de la Fe, a los que se refiere el Motu proprio Sacramentorum Sanctitatis Tutela”, de San Juan Pablo II, del 30 de abril de 2001, tal como fueron enmendadas por el Rescriptum ex Audientia SS.mi, del 21 de mayo de 2010, firmado por el entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el Cardenal William Levada:

El Santo Padre Francisco, en la Audiencia concedida a Su Excelencia Mons. Edgar Peña Parra, Sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado, el día 4 de diciembre de 2019, ha decidido emanar la Instrucción Sobre la confidencialidad de las causas, adjunta al presente Rescriptum y que forma parte integrante del mismo.

El Santo Padre ha dispuesto que este tenga vigencia firme y estable, no obstante cualquier disposición contraria, aunque sea digna de particular mención, que sea promulgado mediante la publicación en L’Osservatore Romano, entrando en vigor inmediatamente, y posteriormente publicado en el boletín oficial Acta Apostolicae Sedis.

Los bienes supremos de la Iglesia deben estar y están en el corazón de la Iglesia misma, de tal modo que ella no solo presente continuamente la doctrina y ejercita el cuidado pastoral a su alrededor, sino que también los tutela jurídicamente, especialmente porque la mística comunión de la Iglesia se apoya sobre estos bienes, mientras que si se descuidan o se tratan injustamente, la Iglesia sufre.

Esta es la razón por la que, después de haber recibido en el nuevo Código de Derecho Canónico del modo más amplio posible los principios de clemencia penal y la llamada «descentralización», el legislador consideró oportuno mantener en la Sede Apostólica la reserva de las censuras con las que se castigan los delitos de sacrílega profanación del sacramento de la Eucaristía (can. 1367), de la absolución del cómplice en el pecado contra el sexto mandamiento del decálogo (can. 1378 § 1), de la violación directa del sigilo sacramental (can. 1388 § 1), de la violencia física contra la persona sagrada del Romano Pontífice (can. 1370), de la administración y recepción del orden episcopal sin mandato apostólico (can. 1382), y también de la reserva de la dispensa de la irregularidad surgida del delito de homicidio o aborto (can. 1041, n. 4).

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